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El éxodo ucraniano en la frontera México-Estados Unidos. Cifras e historias

El éxodo ucraniano en la frontera México-Estados Unidos. Cifras e historias

En Tijuana, frontera con California, la llegada de ciudadanos de Ucrania que escaparon de la guerra buscando asilo o un permiso humanitario (parole) en la Unión Americana alcanzó cifras récord entre enero y abril de 2022.

A inicios de marzo de 2022, días después de que estallara la guerra de Rusia en Ucrania (el 24 de febrero), provocando uno de los mayores desplazamientos de personas en tiempo récord de la historia, la llegada de un pequeño grupo de ucranianos y rusos al puerto fronterizo de San Ysidro, en Tijuana, daba cuenta de flujos migratorios que con el paso de los días tomarían más fuerza y visibilidad.

Ya sea para solicitar asilo o acceder a permisos humanitarios (parole) en los Estados Unidos, miles de ciudadanos de ese país de Europa Oriental estuvieron arribando en grandes grupos a esta ciudad fronteriza con San Diego, California. Y lo hicieron vía aérea, internándose a territorio mexicano por los aeropuertos de Ciudad de México y Cancún, y posteriormente tomando un vuelo interno hacia Tijuana, esperanzados en el anuncio del gobierno de Joseph Biden de acoger a 100 mil refugiados ucranianos y de otras nacionalidades que huyen de la agresión rusa.

Al momento de redactar este artículo, el número de ucranianos que estaban en el lado mexicano esperando cruzar a la Unión Americana superaba las 1,700 personas, según autoridades locales. Una parte estuvo hasta el 6 de abril en un campamento improvisado en los alrededores de la Garita de San Ysidro, mientras otro grupo más numeroso pernoctaba en un albergue que tuvo que habilitar el Ayuntamiento de Tijuana en la Unidad Deportiva Benito Juárez, con capacidad para 600 personas. Éste último, fue el espacio que albergó a una de las caravanas de migrantes centroamericanos que llegaron a esta localidad a finales de 2018 e inicios de 2019.

Si bien el tránsito de personas ucranianas por la frontera México-Estados Unidos no es un fenómeno reciente, sí lo es en términos numéricos. Como se observa en la siguiente gráfica, las estadísticas de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP por sus siglas en inglés) muestran que entre enero y diciembre de 2020, hubo 73 encuentros con personas de Ucrania en su frontera con México, pero la cifra tuvo un incremento importante durante 2021 (1,440 encuentros), con el mayor número en los últimos meses del año.

Para 2022, los datos disponibles arrojan que en el primer cuatrimestre de este año hubo 23,912 encuentros, siendo abril el mes que refleja un número récord: 20,118 encuentros, de los cuales, el 80% fueron en la frontera con California.

Es importante señalar que estas estadísticas corresponden solo a la frontera Sur de los Estados Unidos, pues las cifras globales, es decir, sumando a éstas los encuentros en la frontera con Canadá y los de ucranianos que se internaron a la Unión Americana vía aérea y/o marítima, los flujos son mayores: 8.540 durante el año calendario 2020; 10,385 en 2021, y 28,510 entre enero y abril de 2022. 

Retomando los datos de la frontera con México, se destaca que el 62% de encuentros de ucranianos con autoridades estadounidenses en este cuatrimestre correspondieron a individuos en unidades familiares.

Otra fuente relevante para analizar la evolución de este flujo son las estadísticas de ciudadanos ucranianos No Residentes en México que han ingresado vía aérea al país. Revisamos los datos de la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas (UPMRIP), y como se observa en la gráfica adjunta, las entradas de extranjeros con nacionalidad ucraniana apenas superaban las 2,700 en enero de 2020. Disminuyeron a lo largo de ese año por el contexto de pandemia, pero volvieron a tomar fuerza a partir de diciembre de 2020. En 2021, nótese el importante incremento que hubo en los últimos meses del año, llegando en enero de 2022 a casi 6 mil entradas a México por avión, y alcanzando en abril la histórica cifra de 20,733 entradas. En total, en cuatro meses, ingresaron a México 36,853 personas de Ucrania.

El 58% de quienes entraron a México en el cuatrimestre fueron mujeres. Y es que los nacionales de ese país (también los de Turquía y Rusia) pueden llegar en avión sin necesidad de un visado impreso. Solo deben llenar un Sistema de Autorización Electrónica, bajo la condición de estancia de visitante sin permiso para realizar actividades remuneradas, lo cual incluye turismo y tránsito por México, con una temporalidad de hasta 180 días.  

Hay que destacar que estos registros solo dan cuenta de las entradas, más no de las salidas; sin embargo, se puede interpretar que gran parte de esas cifras no están relacionadas con turismo, sino con la coyuntura de tensión política que posteriormente se materializó en la guerra. De hecho, el último trimestre de 2021, autoridades de Estados Unidos y medios de comunicación mexicanos, documentaron varios casos de personas, especialmente de Rusia, pero también de Ucrania, que antes del conflicto bélico llegaban a la frontera norte mexicana, rentaban o compraban vehículos usados y cruzaban en ellos por las garitas hacia la Unión Americana pidiendo asilo.

Un campamento entre la espera y solidaridad

El sábado 2 de abril visitamos el campamento ucraniano situado cerca del cruce fronterizo hacia San Diego. Allí conocimos a Anastasiia (27 años) y Kyrylo (29), una pareja que vivía en Mariupol, una de las ciudades más heridas tras los ataques rusos, con quienes conversamos con ayuda de una aplicación del teléfono móvil que traducía del ruso (idioma que ella hablaba además del ucraniano) al inglés y a ratos al español.

Llevaban apenas dos días en Tijuana, pero habían salido de su localidad desde el 16 de marzo, en un periplo que calificaron de “muy duro y riesgoso”. Manejaron de Mariupol hacia Tokmak, luego viajaron a Yalta (Crimea), cruzaron a Sochi (Rusia), de ahí salieron hacia Armenia, luego a Estambul (Turquía), a París (Francia) y de aquí tomaron su vuelo hasta Ciudad de México. Toda esta travesía, indicaron, les tomó cinco días.  

Cruzando hacia Latinoamérica dejaban atrás esos días de angustia escapando del horror, pero también la que fue su vida normal en Ucrania: él trabajaba en una empresa de construcción y ella era vendedora de perfumes y cosméticos en una tienda. “Nuestra ciudad se estaba desarrollando, había inversiones. Hemos progresado solos, sin ayuda de nadie y todo eso acabó”, afirmó ella con el rostro desencajado.  

A Tijuana volaron días más tarde dispuestos a pedir acogida en los Estados Unidos y alcanzaron el turno 930 en la garita de San Ysidro. Mientras entrevistábamos a esta pareja de esposos, en una mesa ubicada a pocos metros se anunciaba que el turno de ese momento para cruzar y tomar contacto con oficiales del CBP, era el 720. “Quizá un día más”, pensaba ella, ansiosa por estar del otro lado de la frontera. Aunque por la falta de personal, las autoridades de la Unión Americana solo estaban recibiendo a unas 200 personas al día.

Anastasiia y Kyrylo tienen amistades en San Francisco que les han ofrecido apoyarles en su reasentamiento. Su espera en México, sin embargo, fluía entre la esperanza y la preocupación, debido a que cinco familiares seguían en Ucrania y no sabían nada de ellos. “No hay comunicaciones, perdimos contacto con nuestra gente allá”, añadieron.

Alrededor de ellos, entre maletas, abrigos, cobijas y tiendas de campaña, estaban familias con adultos mayores y niños, contando las horas y los días para obtener el permiso humanitario que les permita rehacer sus vidas en el otro lado. Hasta este sitio han llegado voluntarios de organizaciones religiosas y civiles que trabajan en ambos lados de la frontera y tienen entre sus miembros a hablantes de ucraniano, ruso e inglés y sirven de guía o traductores. Algunos recibían a los viajeros en el aeropuerto y ayudaban en el traslado hacia San Ysidro o al albergue de la Unidad Deportiva Benito Juárez; otros distribuían artículos de aseo, medicinas, entre otros donativos que han llegado por cientos y los organizaban en mesas con letreros a lo largo del campamento.  

Entre tantos voluntarios está la Fundación Binacional Tijuana Sin Hambre, una A.C. creada en abril de 2020 en el contexto de la pandemia, con el fin de alimentar a poblaciones vulnerables. Su directora, Maru Rique de Vargas, junto a su esposo y unos 20 voluntarios, decidieron instalarse en el campamento y ofrecer tacos a los ucranianos. “Mi esposo dijo ‘vamos a hacer una taquiza’, y le dije ‘estás loco, nadie va a comer eso, pero entonces dije, ‘bueno no se comerán la salsa (picante)’. Me sorprendí tanto de la fila que estaba aquí, porque ayer se los estaban saboreando, los de adobada, de asada, con salsa, limón, con todo”, cuenta.

Hace algunas semanas, cuando llegaron ciudadanos rusos a esta frontera tras el estallido de la guerra, Tijuana sin Hambre también les ofreció comida. Pero en ese detalle, Rique notó una situación que está afectando a personas de ese país que escapan de represalias del gobierno de Vladimir Putin, por no estar de acuerdo con la guerra y buscan asilo político en los Estados Unidos: una especie de estigma por ser rusos y el temor a ser visibles.

“Uno de ellos hablaba perfecto español y entre la plática le di el platillo caliente y le pregunté ‘¿de dónde eres?’. Me quiso regresar el plato pensando que yo se lo iba a quitar de sus manos por ser de San Petersburgo, porque eso me dijo. Son personas que se sienten muy rechazadas”, comentó.

A esta situación se suma que a los rusos, al igual que a otros migrantes de Latinoamérica que han estado llegando en los últimos años a la frontera, se les aplica el Título 42, un estatuto de salud pública que activó la administración de Donald Trump para contener la pandemia. Bajo esta mecanismo se ha expulsado a miles de personas que tratan de ingresar a los Estados Unidos, limitando incluso el derecho al asilo. Ello mientras a las personas de Ucrania se les levantó esta medida, para facilitar su ingreso.

El gobierno de Biden había anunciado que a partir del 23 de mayo el Título 42 sería rescindido, sin embargo, una orden judicial impidió hacerlo. Las autoridades de ese país anticipan que quitar el título 42 tendrá un efecto llamada, mientras organizaciones y activistas creen que dará pie a mayores deportaciones de personas originarias de distintos países, que podrían calificar al asilo y no cuentan con medios de apoyo o asesoría legal para defender sus casos.

Al cierre de este artículo, el campamento que visitamos había sido levantado por las autoridades locales y los ingresos de personas de Ucrania se estaban canalizando desde las instalaciones de la unidad deportiva Benito Juárez, hacia el paso fronterizo de El Chaparral, que lleva cerrado más de un año para cruces peatonales. Posteriormente, el gobierno estadounidense anunció que a partir del 25 de abril de 2022, las persona de Ucrania ya no serían recibidas en la frontera terrestre, sino que debían hacer sus solicitudes vía electrónica, y una vez aprobado su trámite internarse a la Unión Americana vía aérea. Con ello, la llegada de ucranianos a Tijuana dejó de ocurrir desde mayo. 

Esperamos que este post te haya interesado. Para más análisis sobre el contexto migratorio actual escríbenos a continentemovil@gmail.com.

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